Sesshin en Ghigo di Prali - mai 2008

Kusen et mondo de la sesshin de Ghigo di Prali.
9 - 11 mai 2008

 

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Sesshin de Ghigo di Prali – mayo 2008

Kusen y mondo de la sesshin de Ghigo di Prali

9 – 11 de mayo de 2008

Viernes 9 de mayo de 2008

Zazen de las 7:00h

Desde el principio de zazen concentraos bien en vuestra postura. Basculad bien la pelvis hacia delante y tomad firmemente apoyo con las rodillas en el suelo. Estad sentados como si quisierais que el ano no toque el zafu. Y distended bien el vientre a fin de sentirse bien enraizado en vuestra sentada. A partir de la cintura estirad bien la columna vertebral, relajando todas las tensiones de la espalda. Estirad la nuca y relajad los hombros como si quisierais empujar el cielo con la coronilla. En zazen el cuerpo esta completamente estirado entre cielo y tierra: es lo que le da la fuerza a la postura y permite a la energía circular porque simultáneamente se relajan las tensiones inútiles. La cara esta bien distendida, la mirada tranquilamente posada delante en el suelo sin apegarse a ningún objeto visual. Así no es necesario cerrar los ojos para estar concentrado. 

Estar concentrado no quiere decir vaciar la mente sino no apegarse a ningún objeto de percepción. Y conservar una mente constantemente disponible y receptiva, perfectamente presente al instante, sin distracción. La boca esta cerrada, la lengua contra el paladar;   concentrándose en la inmovilidad de la lengua ayuda a parar el diálogo interior. En zazen se abandonan las discusiones. Se abandona la mente que crea divisiones. El modo de funcionamiento de la mente que divide y separa se calma. Y así todos los conflictos interiores, fuentes de emoción, de apegos, son abandonados, resueltos de raíz.

Así, en lugar de se perseguir los pensamientos se esta atento a la respiración. Al principio se la acompaña voluntariamente esforzándose en ir hasta el final de cada espiración con el fin de corregir la mala costumbre de respirar superficialmente. En zazen encontramos una respiración profunda que comienza vaciando los pulmones, dejando espacio y así ser receptivo al aire nuevo que entra con la inspiración.

Es lo mismo con el estado de ánimo. Con cada espiración se abandonan los pensamientos que tienen la mente ocupada. Se los deja volver a su fuente, que no es otra que la vacuidad. Así nos encontramos con un espíritu nuevo a cada instante. Se le da completa importancia al instante presente. Y se observa, se constata, que todo le resto son solo fabricaciones mentales e ilusiones. De esa manera no se alimentan, no se da energía a los pensamientos que conciernen el pasado o el futuro.

Nos concentramos simplemente en penetrar la realidad del instante presente: aquí, en este dojo, con esta sangha y estas montañas.

Viernes 9 de mayo 2008

Zazen de 11:00h

 
Durante zazen no dejéis que vuestra mente se estanque en lo que sea, no la dejéis apegarse a un pensamiento y perseguirlo. Para ello volved regularmente a la concentración en el cuerpo y en la respiración. En el movimiento de la mente que vuelve a la concentración en el cuerpo se produce inmediatamente un abandono, porque la mente no puede estar concentrada en dos cosas al mismo tiempo. El cuerpo en sí, la respiración en sí, se transforman sin cesar. Concentrarse en el cuerpo no quiere decir apegarse al cuerpo sino simplemente no estancarse en las fabricaciones mentales, volver al contacto con la realidad, aquí y ahora.

Eno el Sexto Patriarca se despertó escuchando la célebre frase del Sutra del Diamante: “Cuando la mente no permanece en nada, la verdadera mente aparece.”

Cuando la mente no permanece en nada es la mente que realiza el abandono de instante en instante, la mente que encuentra su fluidez natural como cuando el hielo se transforma en agua en la primavera. El agua que estaba congelada, inmovilizada, encuentra su libertad. Es exactamente lo que se produce en zazen cuando se vuelve a la concentración en el cuerpo y la respiración, instante tras instante. No nos hace falta otra cosa, solamente estar simplemente sentados y dejar pasar los pensamientos sin engancharnos a ellos. Entonces nos armonizamos naturalmente con el Dharma, es decir, con el orden cósmico. El Dharma es la gran Ley del universo con la que funcionan todas las existencias. Es por eso que cantamos en el tercer voto del bodhisattva “homon muryo seigan do”: tan numeroso que sean las Puertas del Dharma hago el voto de penetrarlas todas.
Todas las existencias funcionan en armonía con el Dharma, por lo tanto todas las existencias lo manifiestan. Y cada una se vuelve para nosotros una Puerta del Dharma, con la condición de haber desarrollado un espíritu abierto, receptivo: es la función esencial de zazen. Es por eso que se lo llama “la gran Puerta del Dharma” o la Puerta principal.

En zazen a la vez nos armonizamos naturalmente con el Dharma y al mismo tiempo tomamos consciencia de lo que es ese Dharma, esa gran Ley del universo. Es la Ley de la interdependencia de todas las existencias: absolutamente nada de lo que existe existe por sí mismo. Nosotros mismos no existimos por nosotros mismos sino solamente en relación con todo el universo. Como esas relaciones son innombrables en cada momento, entonces todo lo que existe es impermanente. Todo se transforma en función de esa interdependencia.

Cuando se toma consciencia de eso entonces se puede cesar de apegarse a la ilusión de un ego separado. Es una total revolución espiritual. Nos creíamos el centro del mundo, creíamos que el mundo estaba a nuestro servicio y descubrimos que en realidad formamos parte de un mundo que nos sobrepasa infinitamente. Ninguna de nuestras construcciones mentales puede resistir a esa revolución.

Evidentemente es un cambio de punto de vista radical. La mayoría del tiempo el ego se resiste a ese cambio, se apega a sus costumbres y percibe la impermanencia y la interdependencia de todas las cosas como una amenaza.
Practicar zazen es como aclimatar nuestro ego limitado a esa dimensión infinita del Dharma, y experimentar una gran liberación. La liberación que no es otra cosa que el abandono de nuestras ilusiones y la aceptación total de la realidad tal cual es. Es así que se puede realizar la verdadera paz del espíritu: dejando de combatir, dejando de oponerse al Dharma. Es lo que expresamos practicando sanpai: es aceptar que algo más grande que uno, más profundo,  más vasto y abrirse a esa dimensión.

Que lo llamemos Dios, Buda, Dharma, poco importa. Esta más allá de lo que se puede nombrar. Incluso si se lo llama provisionalmente “impermanencia”, “interdependencia”, “orden cósmico”, todas esas expresiones son solo medios hábiles, como todas las enseñanzas.

Eso quiere decir dejar de mirar el vasto cielo a través el agujero de una brizna de paja.

Viernes 9 de mayo de 2008

Zazen de 16:30h

Todas las mañanas, todas las tardes, después del zazen cantamos los Cuatro Votos del bodhisattva, entre los cuales el tercero es: “Por numerosas que sean las Puertas del Dharma, hago el voto de penetrarlas todas.” Puerta del Dharma se dice: Homon ho, Dharma es una palabra extraordinaria porque incluye numerosos sentidos que se completan los unos a otros. El primer sentido es la Ley, el orden cósmico, lo que sostiene nuestras existencias, lo que hace que estemos vivos, aquí y ahora, en este dojo.

Pero “Dharma” quiere decir también las existencias mismas. Cada fenómeno, cada ser, es un dharma. Y “Dharma” quiere decir igualmente la enseñanza de Buda, a partir de su despertar al Dharma, a la realidad tal cual es. Eso quiere decir que en el fondo lo que nos enseña, no son creencias sino la existencia misma. Un buda, un despierto, es alguien que realizó la verdadera naturaleza de todas las existencias, el Dharma, que sostiene todas las existencias: y hace de eso una fuente del despertar y de enseñanza.

A veces se resume la enseñanza de Buda hablando de los “Tres Sellos del Dharma.” En sánscrito es dukkha, anicca y anatta, es decir el sufrimiento o la imperfección, la impermanencia y la interdependencia de todas las existencias, a lo cual se agrega generalmente el nirvana, la paz, la extinción de todo sufrimiento.

Y finalmente se puede decir que todo esta incluido en la interdependencia, que la verdadera naturaleza de todas las existencias, es decir el hecho de vivir solo en relación con todos los seres. Es lo que hace que la impermanencia exista, si se la rechaza, si se trata de crear construcciones para oponerse, por ejemplo, un ego fuerte, posesiones, poder, todo tipo de sufrimientos van a resultar. Si se la acepta, entonces se puede vivir inmediatamente en armonía con la realidad de la vida tal cual es. Se realiza que apegarse a su ego es una ilusión, es una causa de inquietud y de sufrimiento, y que si se abandona esa construcción mental, si se realiza que no nos hace falta, entonces inmediatamente se esta en la paz del nirvana. Eso es el corazón de la experiencia de zazen. No hace falta estudiar muchas cosas, como decía Dõgen, simplemente de estudiarse a si mismo. Ver que en el fondo de uno mismo no hay nada de substancial, que nada existe por si mismo, solamente relaciones. Esa es la última realidad. Es lo que cantamos a través del Hannya Shingyo por la mañana y la tarde. Lo que permite realizar shin mukege, es el espíritu sin obtáculo, un espíritu en armonía con ku, con la vacuidad. Es lo que permite practicar mushotoku, con un espíritu desinteresado, sin avidez, sin espíritu de obtención de lo que sea. Mushotoku es la puerta de la verdadera libertad. Es lo que hace que la práctica pueda volverse instantáneamente despertar y liberación.

Comprender ku y vivir con un espíritu mushotoku es ser inmediatamente parecido a Buda. Es una vida tan libre, pacífica y felíz que no hace falta verdaderamente agregarle nada. Entonces se puede aceptar la impermanencia, no como una amenaza o una pérdida, sino al contrario, como una oportunidad, una oportunidad de liberarse de sus ilusiones y de sus apegos, justamente porque son impermanentes. Entonces todo es posible, todo es posible para un espíritu que rencuentra su fluidez, su flexibilidad, su ligereza. Todas nuestras ilusiones se vuelven ocasiones del despertar desde el instante en donde las iluminamos a través de la práctica y si la hacemos de algo permanente, de estático, entonces vamos exactamente a lo opuesto del Dharma y limitamos completamente las posibilidades de desarrollo.

Por ello el Maestro Dõgen decía en el Genjo Koan: “ Cuando el Dharma no se realiza plenamente en el cuerpo y mente de un ser humano, piensa que ya es suficiente. Cuando el Dharma esta plenamente presente en el cuerpo y la mente, realiza sus insuficiencias. La gente ordinaria se ilusiona con el despertar. Los verdaderos despiertos despiertan de sus ilusiones.”

Dicho de otra manera, el Dharma es siempre más vasto, más profundo que aquello que uno se piensa haber alcanzado. Eso quiere decir que frente al Dharma debemos permanecer humildes y no pavonearse de su realización, ni ilusionarse de su propio satori. Sino continuar yendo constantemente más allá del más allá, con una práctica completamente abierta al Dharma.

Todos los budas y los patriarcas no han hecho otra cosa que seguir el Dharma como su maestro, es decir estar despiertos a la realidad, en una práctica sin fin.

Viernes 9 de mayo de 2008
Zazen de 16:30h - Mondo

Pregunta: Hablas mucho y los maestros hablan mucho de la enseñanza del Dharma, de las paramitas y de la práctica. Después, en las sesshines o en el dojo, las personas que practican desde hace mucho tiempo entran demasiado en contradicción con la enseñanza.

YR; ¿Quieres decir que no la siguen? 

- No.

- ¿No están de acuerdo?

- Quiero decir que montan en cólera, critican: uno dijo esto, el otro dijo otra cosa…..”Ahora eso se hace así – No, no estoy de acuerdo…” Eso crea en mí un momento difícil; incluso esta sesshin es difícil para mí.

- ¿Por qué?

- No es porque me duelan los huesos. Esa contradicción con las enseñanzas debilitan mi práctica.

- Pero en principio, todo el mundo no es así. Y además, las personas que siguen la práctica y la enseñanza no son santos, no son perfectos; y por otra parte, está bien, en un cierto sentido, que tengan esa libertad y también la libertad de equivocarse. Sería muy inquietante, al contrario, si cuando el godo dice algo, todo el mundo actúa perfectamente bien: para mí sería “demasiado bien”. Eso sería inquietante, eso querría decir que la gente  actúa un poco como en la mili: escuchan algo y, ¡ala! automáticamente lo practican.

No quiero decir que no haya que practicar la enseñanza. Pero hay también que haya una tolerancia, una aceptación de los errores de los unos y de los otros: eso también forma parte de la práctica.

Debes trabajar para tener una mente más ligera. Al mismo tiempo comprendo tu problema, lo comprendo bien. Pero frente a ese problema la única respuesta es de dejar de mirar a los demás: “él no practica como se debe porque critica y no se debe criticar e igualmente critica…o: no hay que montar en cólera pero él monta en cólera….entonces no está bien, no sigue la verdadera práctica….”. Concéntrate solo en tú mismo en practicar todo lo que puedas la enseñanza, es todo. Y tener mucha tolerancia respecto a los demás. Al mismo tiempo, si a veces sientes que so puede ayudar y ser útil, puedes también recordarlo amablemente a alguien que monta en cólera: “sabes, es mejor no montar en cólera”. Sobretodo si es alguien que esta ya ordenado bodhisattva y que por lo tanto recibió los preceptos. Puedes amablemente a veces hacer una recomendación, decir: “escucho que estáis criticando a alguien, sería mejor dejar de criticar.”

Esa sería una actitud más positiva. En lugar de sufrir interiormente y de enfermarte, y tal vez perder la confianza en la práctica.

Hay que comprender de todas maneras, que las personas que vienen al zen tienen un antiguo karma largo y difícil y que incluso si escuchan la enseñanza, incluso si desear practicar, no se vuelven perfectos de un día para el otro. Porque la enseñanza no se inculca como órdenes a los soldados de un ejército: “ahora vais a estar así, impecables, y el que se equivoca, ¡a la prisión!” No es así como funciona la sangha.

Por lo tanto, forzosamente se cometen errores. Pero hay que aprender a partir de esos errores. Cuando nos equivocábamos el Maestro Deshimaru nos lo hacía notar, directamente nos criticaba, pero si comprendíamos nuestro error y nos disculpábamos, que decíamos “lo lamento”, decía: “ah, no es grave pero no recomiences.” No dos veces lo mismo. Si se tiene ese espíritu se puede progresar a partir de la observación de sus errores. Pero si uno se vuelve muy rígido, muy intolerante respecto de los demás, y también respecto a uno mismo, se agrega un sufrimiento suplementario y eso no ayuda a resolver el problema.

Pero, por supuesto, quiero decirlo a todos: por favor, concentraos en tratar de seguir la enseñanza. No digo que hay que hacer cualquier cosa, al contrario. Si se comprendió hasta qué punto la práctica del zen es importante en nuestra vida, hay que poner verdaderamente toda su energía y su atención en practicarlo.

El zen, y por otra parte el budismo en general, no es una cuestión de creencia o de conocimientos teóricos o de memoria. No es suficiente comprender las paramitas por ejemplo: se comprende algo si se lo practica. Si no se practica la enseñanza es que verdaderamente no se la comprendió. Incluso si se cree haberla comprendido.

Por lo tanto todos, incluso yo, cada uno de nosotros, debe hacer esfuerzos para practicar la enseñanza. Es muy importante. Pero al mismo tiempo, ser tolerante respecto a los errores. Eso no quiere decir en no considerarlos como errores. Es importante de ver los errores, tratar de corregirlos. Pero enfermarse, un poco como a ti te sucede, no está bien. Eso no hace progresar a nadie: ni tú, ni los demás. ¿De acuerdo?

 

- De acuerdo.

Pregunta 2: Quisiera preguntarte: ¿hasta qué punto “el esfuerzo justo” es justo? ¿Cuándo ese es esfuerzo no es más justo?

YR: El esfuerzo es justo si es mushotoku. Pero si se hace un esfuerzo para obtener una recompensa, para obtener algo, entonces no es verdaderamente el esfuerzo justo. De todas maneras el esfuerzo es una de las paramitas, es muy importante el esfuerzo. Parecería que consideras el esfuerzo como algo…no muy bien. El esfuerzo quiere decir dar toda su energía para practicar lo es justo precisamente. Encuentro que es lo que mejor se puede hacer en la vida, concentrar su energía en practicar lo que es justo. Es eso lo que se llama “el esfuerzo”. No es solo voluntarismo, es verdaderamente canalizar su energía en la buena dirección.

- Pero, ¿cómo hacer para que las piernas comprendan el esfuerzo justo? (risas)

- ¿Tienes dolores durante zazen? ¿Es eso?

(movimiento de cabeza afirmativo)

- Creo que en realidad es a la mente al que le duele. No son tanto las piernas.

- Son las piernas… (risas)

- Quiero decir: la actitud mental que tienes respecto al dolor, eso es lo más importante. Cuando duelen las piernas, por otra parte cosa que sucede a menudo en sesshin, si se está tenso para resistir al deseo de moverse, efectivamente es un esfuerzo penoso. El esfuerzo que hay que hacer en ese momento es de concentrar su energía para tratara de distenderse, de desdramatizar el dolor, no hacer de eso una tragedia, minimizar un poco: “no es grave.” Y también hacer el esfuerzo de no moverse, no con un espíritu de competición consigo mismo, diciendo “yo seré el más fuerte, no me moveré”, sino realizar ese esfuerzo de no moverse por compasión hacia los demás, para mantener la atmósfera, como sostén para los otros con su propio esfuerzo. Por lo tanto es un esfuerzo generoso. No se trata solo del esfuerzo de un deportista que quiere absolutamente batir un record. Es la práctica del fuse, del don. Dar su energía para practicar de una manera justa, no molestar la concentración de los demás moviéndose.

Esa manera de practicar evidentemente no suprime el dolor pero lo hace mucho más soportable. Eso es lo que quiero decir: la actitud del espíritu respecto al dolor, es la cosa más importante. Pero incluso si eso se vuelve demasiado insoportable a pesar de todo, es posible hacer gassho discretamente y descruzar las piernas.

El esfuerzo que no sería justo sería el esfuerzo en el que el zazen se volviera una especie de mortificación, porque si eso sucede no es justo. No hay ninguna razón de cultivar el dolor. En el Budismo, no se piensa que el dolor, el sufrimiento, es un medio de purgar los pecados, en absoluto. En el budismo el dolor, el sufrimiento, es siempre visto como algo anormal y hay que tratar de resolverlo, en todos los niveles, físico o mental. Llegar a decirse: “Ah, sufro, ofrezco mi dolor, mi sufrimiento al mundo para redimir mis pecados”, eso sería un esfuerzo erróneo.

- Y entonces cuando hay ese esfuerzo muy difícil de soportar….

- Corresponde a cada uno apreciar la tolerancia al dolor, la tolerancia es muy subjetiva: ¿cuándo es insoportable? Pero antes de descruzar, tratar de concentrarse en la espiración, de distenderse. Porque muchas veces, llegado a un cierto nivel de dolor, uno se dice: “si continúa en aumento va a volverse insoportable”, porque se piensa que va todo el tiempo a aumentar hasta el final del zazen. Sin embargo no es cierto. Muchas veces el dolor aumenta hasta cierto punto y luego se vuelve estable e incluso disminuye.

 

- Sé que en zazen hay que concentrarse en la postura, en la respiración, pero cuando en un momento tengo dolor, pienso que es eso lo que me gusta, y es por eso que….(risas)

- En principio es mejor no utilizar ese tipo de medio… Pero entiendo, sí, sí… Eso te ayuda durante algunos minutos para no moverte, para superar el obstáculo, ¿por qué no?

 

- Ahora me estoy volviendo viejo, es también eso, pienso.

- Pero si practicas más tu cuerpo va flexibilizarse.

- ¿Lo piensas?

- Sí. En mi opinión, el problema es que no practicas bastante para flexibilizar el cuerpo. Recientemente el Zenji del templo Eihei-ji falleció. Tenía ciento tres o ciento cuatro años. No podía casi caminar pero hacía zazen todas las mañanas. Entonces no hay que invocar la edad, decir “ah, ahora soy demasiado viejo”.

- Pregunta 3: Quisiera decir una cosa: hace veinticuatro años que el Maestro Deshimaru murió y recuerdo que en su último mensaje…

- YR: Hace veintiséis años.

- Veintiséis años, sí. El ultimo mensaje del Maestro Deshimaru cuando declaró “el año del no-miedo”, dio la responsabilidad a sus discípulos de aumentar el espíritu de la práctica y de sembrar el espíritu del zen en lo social. Por lo tanto de crear grupos de intervención, en los diferentes ámbitos, para ayudar a los demás como lo quiere el sentido de nuestra misión como bodhisattva.

Y no quisiera hacer verdaderamente una crítica, pero veo que las personas que vienen aquí, que practican, muchas veces hablan entre ellas de sus problemas personales, de su pequeño ego, de las relaciones al interior de la sangha. Y, fuera de la iniciativa de algunas personas aquí, por ejemple en los hospitales, en las escuelas, son acciones que quedan como muy individuales.

Quisiera saber si en la AZI ¿hay un programa para crear grupo de ayuda en la vida social?

 
- No, no hubo.

 

- Para Birmania por ejemplo, en donde hay verdaderamente injusticias sociales…

- Pienso que, efectivamente, es importante expresar la práctica de bodhisattva en la vida cotidiana. Expresar la compasión cada vez que la oportunidad se presenta, la benevolencia respecto de los seres que sufren o que necesitan ayuda. Hay incluso muchas más personas de lo que tú te imaginas que lo hacen. Pero no está organizado a nivel de la asociación, no está estructurado. No hay, como dices, “grupos de intervención.” Y no creo que sea algo bueno. Pienso que eso debe venir de la iniciativa de cada uno, de asumirlo y de responder a las situaciones.

Pero en tanto que asociación, organizarse para intervenir en ciertas circunstancias, no lo siento así. En principio, visto lo que pasa en el mundo, no tendríamos un minuto libre para hacer zazen, tantas hay tantas cosas, situaciones, que solicitan nuestra intervención: es al infinito.

Entonces, pienso que, como bodhisattva, hay que ayudar allí donde se puede ayudar, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones sociales, familiares, en el barrio, en la ciudad, cuando la oportunidad se presenta. Pero creo que la ayuda más importante que se puede aportar es de difundir la práctica de zazen. Porque es esta práctica de zazen que si se propaga, como lo espero, estimulará cada uno en su ámbito, a tener esa actitud de compasión para ayudar a resolver el sufrimiento.

Hay que comprender que somos una bien pequeña comunidad. Mi sangha son cuatrocientas, quinientas personas. La AZI en su conjunto, los adherentes, son mil quinientas personas. Es una pequeña comunidad, muy pequeña. Y no somos como la iglesia católica –aunque disminuyó - que puede organizar comités de lucha contra el hambre o recaudar dones, etc. porque si comenzamos a utilizar nuestra energía para hacer eso, ¡no tenemos más tiempo para hacer zazen!

- El Maestro Deshimaru quería….

- Pienso que el lo que quería hacer, sobretodo, es que haya grupos de personas que reflexionen en cómo ayudar en ciertos ámbitos. Por ejemplo, personas que están en el ámbito de la salud, de la educación, pueden reunirse y reflexionar juntas. Y a partir de sus reflexiones, puedan encontrar más medios para expresar su práctica en sus ámbitos.

Hay que decir que el Maestro Deshimaru lanzaba grandes ideas así, pero después practicábamos lo que era posible. Y finalmente no era posible gran cosa. ¡Porque la tarea es demasiado grande! Hablábamos del esfuerzo hace un momento, pero verdaderamente hay que reflexionar en cómo utilizar su tiempo y su energía durante esta corta vida: ¿cuál es la manera más útil? Pienso en eso todos los días y creo que es más eficaz transmitir la enseñanza y la práctica para que se desarrolle e inspirar un comportamiento justo, un comportamiento de bodhisattva, que de organizar grupos de intervención.

Mirad: cuando se quiere organizar una sesshin o hacer algo en un dojo o incluso tener una práctica cotidiana en un dojo, la mayoría de la gente dice “pero no tenemos tiempo, no podemos.” Queremos hacer cosas, pegar carteles para anunciar una conferencia y es el responsable solo que pega los carteles, nadie esta disponible. Hay un enorme problema: es que la mayoría de la gente deben trabajar mucho, deben ayudar a sus familias. Quieren practicar el zen pero no tienen mucho tiempo a la tarde, en cuanto zazen se termina, vuelven a casa porque sus familias los esperan. ¡Es bueno que hayan encontrado dos horas para venir a practicar!

Entonces: ¿qué es lo más valioso? Es ayudar a la gente a practicar. Decir a la gente que no ya no tiene tiempo para hacer zazen: vamos a organizar un comité de lucha contra el hambre porque es un muy grave problema en el mundo…Y es cierto….es imposible.

- Pero sin embargo podríamos hacer algo todos juntos.

- Comienza tú mismo.

Sábado 10 de mayo de 2008

Zazen de 7:00h

Durante zazen continuad concentrándoos en vuestra postura. En particular no dejéis caer la cabeza hacia delante. Empujad bien el cielo con la coronilla, recogiendo la barbilla. Relajad los hombros, distended el vientre y concentraos en la espiración. Poned también atención en las manos: la mano izquierda esta sobre la mano derecha, el borde de las manos en contacto con el bajo vientre y los pulgares se tocan horizontalmente. No dejéis que los pulgares caigan. Cuando nos concentramos en el contacto de los pulgares, en la forma de las manos en zazen, entonces dejamos de pensar a través del mental ordinario. Pensamos a través del cuerpo y la mente en unidad. Ese pensamiento esta más allá del apego a todo pensamiento. La mente se vuelve vasta como un espejo, que se llama “Hokyo Zanmai”, el Samadhi del Espejo Valioso. Vamos a cantar esta mañana el Hokyo Zanmai que comienza con la expresión Nyoze No Ho: “Así es el Dharma, tal cual, más allá de toda noción, más allá de todo pensamiento.”

Es con ese más allá del pensamiento que nos armonizamos en zazen.

El Dharma de Buda se transmitió de maestro a discípulo a través de la concentración en zazen. Esa concentración no es una técnica particular. Resulta al contrario, del abandono del espíritu de la técnica, el espíritu que quiere siempre manipular las cosas para obtener otra cosa.

La práctica de zazen se realiza despojando el cuerpo y la mente de todo espíritu de obtención; no hace falta nada más. Incluso si después de zazen cantamos sutras, hacemos ceremonias, practicamos prosternaciones, todas esas prácticas no son necesarias. Una sola cosa es necesaria: abandonarse completamente en la práctica de zazen.

Cuando se comienza la búsqueda del Dharma, éste esta muy lejos de nosotros porque nos hacemos una cierta idea y así, nos separamos de él. Cuando se abandona toda idea, toda noción, el Dharma, que en realidad somos nosotros mismos, se actualiza en nuestra práctica. Es una gran liberación. Pero si se piensa haber obtenido la gran liberación, entonces inmediatamente se hace algo limitado.

En el Sutra de Vimalakîrti, Sariputra pregunta a una diosa que tiene una muy bonita voz: “¿Qué has obtenido? ¿Qué realización te dio tal poder de expresión?” Y ella contestó: “Es el hecho que no gané nada y que nada realicé que me permitió de alcanzar este estado. Porque siguiendo el Dharma de Buda, el que gana y alcanza algo es una persona llena de vanidad.”

Finalmente la esencia del Dharma de Buda es la práctica mushotoku. Es lo que enseñó el Maestro Deshimaru durante quince años, cada día: solo mushotoku. Y así, inmediatamente, el espíritu es liberado de todos los venenos.

Sábado 10 de mayo de 2008

Zazen de 11:00h

En el cuarto voto del bodhisattva decimos: “Por elevada sea la Vía de Buda, hago el voto de realizarla”.

Homon, “las Puertas del Dharma”, que hicimos el voto de penetrar con el tercer voto, son las enseñanzas sobre la realidad, así como la realidad en sí. Y Butsudo, la Vía de Buda o bien la Vía del Despertar, es la práctica en sí.

En función de su comprensión del Dharma, diferentes prácticas se desarrollaron. Al principio era sobretodo, la práctica del Óctuple Sendero: la comprensión y el pensamiento justo, que constituyen la sabiduría, las palabras y las acciones así como el modo de vida o la profesión justa, que constituyen la ética. Luego el esfuerzo, la atención y la concentración constituyen la dimensión de la meditación.

En el zen se las llama a esos tres tipos de práctica: kai jo e.

Kai  los preceptos, jo la concentración o la meditación, e la sabiduría.

Esas tres prácticas constituyen la Vía de Buda. La Vía no es solo el camino trazado sobre el cual se supone andar, sino el andar mismo, la práctica misma es la Vía, es el fundamento de lo que se llama el gyoji, la práctica constante.

Muchas veces en el Budismo del Gran Vehículo del Mahayana, se considera ese Óctuple Sendero como la práctica de los arhats, es decir, de los santos del Pequeño Vehículo. Y muchas veces se la critica como una práctica limitada. Y sin embargo, es la Vía de Buda. Lo que a veces es “limitado” no es esa práctica sino el estado de ánimo que la acompaña: el espíritu que busca el despertar, solo, por sí mismo, y que quiere poner fin, en esta vida, a los renacimientos. Por lo tanto no es un estado de ánimo en el cual se opone al mundo del samsara, de la vida cotidiana y el mundo del nirvana que sería la extinción total de toda forma de vida en ese mundo.

Pero en ese caso no se trata de la más alta Vía de Buda, Butsudo, porque en la Vía de Buda no hay ninguna separación entre sí mismo y los demás, entre el samsara y el nirvana. El samsara es el lugar donde se realiza la Vía desde que se pone fin a nuestra ignorancia, que se abandonan las actitudes de avidez, de odio o de hostilidad – par ejemplo el odio del samsara y la avidez por el nirvana – en cuanto se abandona eso, esta vida de samsara se vuelve en sí nirvana.

El segundo gran aspecto del Dharma de Buda era la enseñanza de las Doce Causas Interdependientes, que explican cómo se transmigra y cómo nuestra transmigración se vuelve samsara. Cómo a causa de nuestra ignorancia, desarrollamos un mal karma que influencia la consciencia, que condiciona a su vez el cuerpo y la mente – por ejemplo en un nuevo nacimiento - que condiciona a su vez la aparición de los órganos de los sentidos, que condicionan los contactos y por lo tanto las sensaciones, luego los deseos, los apegos, el “querer vivir” para continuar de mantener los apegos, lo que lleva a un nuevo nacimiento que lleva a su vez a la vejez, la enfermedad y la muerte.

Buda había realizado que esa cadena podía ser cortada en cada uno de esos puntos, en cada eslabón y principalmente resolviendo la ignorancia.

Todos los que toman esa enseñanza como su práctica principal tienen tendencia de querer cortar todos los apegos y de liberarse ellos mismos solos, saliendo de ese encadenamiento del samsara. Mientras que podamos comprender ese encadenamiento de las Doce Causas Interdependientes como significando que finalmente nuestro propio ego es sin substancia, solamente condicionado: entonces se lo puede abandonar, abandonar ese apego al ego. Es así que ninguno de los fenómenos de este mundo puede perturbarnos, puede molestarnos. Se experimenta una gran liberación. Y como esa liberación ocurre en el abandono de sí, de su propio ego y de la toma de consciencia de nuestra total interdependencia con todos los seres, se acompaña de una gran compasión. Entonces el miedo de renacer en ese samsara desaparece y se acepta con agrado continuar de existir, para ayudar a todos los seres sensibles. En ese momento, nuestro renacimiento no esta más condicionado por el karma, sino por el espíritu del despertar. Y eso conduce a practiar la vía del bodhisattva, que es la que siguen principalmente los discípulos del zen, concentrándose en la práctica de las paramitas: el don, los preceptos, la paciencia, el esfuerzo, la meditación y la sabiduría.

También en el zen se entiende generalmente Butsudo, la Vía de Buda, mujo: como la más elevada, como siendo esa vía del bodhisattva. Pero en la enseñanza del Maestro Dõgen, que fundó nuestra escuela Soto, no conviene hacer diferencias y oposiciones.

Según él, un verdadero discípulo de Buda debe estudiar y practicar todas sus enseñanzas. Porque en el fondo de cada una de esas prácticas, de cada una de esas enseñanzas, reside el despertar de Buda. Por cierto, son todas expresiones de su despertar.

Lo que hace la Vía la más elevada es, de nuevo, el estado de ánimo con el cual se practica. Si practicamos esas diferentes enseñanzas, esas diferentes vías, con un espíritu mushotoku, no buscando acumular méritos o provechos para uno mismo, entonces cada práctica es una práctica del despertar, inmediatamente.
Y finalmente, no hay que oponer los Vehículos: pequeño Vehículo, gran Vehículo…En el fondo, como lo enseña el Sutra del Loto, hay un solo gran Vehículo de Buda.

Todas las enseñanzas, todas las prácticas, son solo medios hábiles para hacer realizar eso. Pero eso no se deja encerrar en nuestras categorías mentales. Es por eso es verdaderamente Butsudo, la Vía del despertar: más allá de todas las diferencias y de todas las separaciones. Es una manera de vivir con el Dharma, una práctica que no esta separada de la realización.


Sábado 10 de mayo de 2008

Zazen de 16:30h – Mondo

 

Pregunta 1: Mi pregunta trata sobre el nombre del Dharma que la persona que pide la ordenación recibe del maestro. Observé que hay personas que utilizan muchas veces ese nombre e incluso que lo utilizan en lugar de su propio nombre y que otras personas no lo utilizan para nada. Mi pregunta es: ¿cuál es la actitud justa?

YR: Eso depende de la razón por la cual se lo utiliza: es el espíritu que cuenta. Se puede utilizar su nombre de Dharma, es decir, su nombre de ordenación, con un espíritu justo o bien, con un espíritu ilusorio, es el espíritu que cuenta. Pero creo que esta bien utilizarlo. Está bien utilizarlo con la condición de utilizarlo para recordarse que a partir de su ordenación, es realmente la realización del Dharma de Buda que se ha vuelto casi nuestra identidad, el sentido de nuestra vida. Y entonces, utilizar ese nombre es un llamado en ese momento, que es ese el sentido de nuestra vida: no solo de actualizar su nombre de Dharma, sino de actualizar el Dharma mismo. El nombre es solo como un dedo que muestra la luna, pero es el Dharma el que hay que realizar, no solo el nombre.

El nombre es como el dedo: como todas las palabras, muestra una dirección, muestra algo. Lo que es importante es de seguir esa dirección. No es solo simplemente apegarse a un nombre y de hacerlo como una especie de distinción, de decoración, para volverse alguien especial: eso es una ilusión. “Yo soy diferente de los demás, tengo un nombre especial, no como la gente ordinaria….encima un nombre japonés”.

Todo puede ser pervertido por la ilusión. Hay que permanecer vigilante. Pero con un espíritu justo está bien utilizar el nombre del Dharma.

 Pregunta 2: Sobre la base de las enseñanzas de hoy, que pasa cuando se recita: “Tomo refugio en Buda, en el Dharma y en la Sangha?”

YR: Eso depende, depende cómo se toma refugio. Hay gente que cree que tomar refugio y que no toman verdaderamente refugio. Reciben la ordenación y…ya está.

Pero tomar refugio en Buda, Dharma, Sangha, en los Tres Tesoros, quiere decir tomar verdaderamente a Buda como maestro. Por lo tanto, respetar completamente el Dharma, su enseñanza y esforzarse en seguirlo profundamente, verdaderamente, y hacer de eso el sentido de su vida. Es decir, desde ese momento, no perder más el tiempo en perseguir todo tipo de cosas inútiles o ilusorias, sino decirse que la vida es muy breve para perder el tiempo y que la realización del Dharma de Buda se ha vuelto la cosa esencial. Y evidentemente, no solo para sí sino para todos los seres, para compartir eso con todos los seres; y desde ya, teniendo una vida de sangha, una vida en comunidad, compartir la práctica con los demás, en la sangha: entonces eso se vuelve verdaderamente tres tesoros. Y todo el resto nos parece tener mucho menos valor. Si se ha encontrado un verdadero tesoro, las otras cosas no son importantes. Por lo tanto, es importante realizar el valor de esa ordenación. Es suficiente de confirmar eso con la práctica: continuar el gyoji constante, profundizarlo, nunca parar, con fe, es decir, con confianza en el hecho que tiene el poder verdaderamente de liberar todos los seres del sufrimiento.


- ¿Y la repetición? ¿Eso puede ayudar?

- ¿La repetición de qué? ¿De la toma de refugio?

- Sí.


- Ah, sí, sí. Por supuesto. Esa es la razón por la cual hay una ceremonia para los monjes, cada mes, o incluso dos veces al mes, que se llama Ryaku fusatsu. Se la llama, un poco equivocadamente a mi parecer, “ceremonia del Arrepentimiento” porque comienza por el Sange Mon, por el Sutra del Arrepentimiento, en el cual se toma consciencia de todo el mal karma pasado y se hace el voto de abandonarlo. Pero no es solo eso. A partir del arrepentimiento, es decir, a partir de la toma de consciencia de sus errores pasados, que han creado tanto sufrimiento para los demás o para nosotros, se renuevan sus votos de seguir los Tres Tesoros. No solo los Tres Tesoros sino también todo el linaje de los maestros de la transmisión. Y también de practicar los Cuatro Votos del bodhisattva.

Y eso tradicionalmente se lo repite dos vece por mes. La repetición es una buena práctica de recuerdo, para no olvidar. Si no se hace ordenar una vez en la vida y después se lo olvida, a veces algunos lo olvidan. Mientras que repitiéndolo, eso ayuda a impregnárselo. Así que ahora propongo regularmente de hacer esa ceremonia. Por ejemplo la hicimos en Niza, hace dos días, el miércoles a la tarde. Más o menos una vez por mes esta bien, como recuerdo. Recordárselo es muy importante, recordar el Dharma.

Pregunta 3: Sobre el kyosaku que recibimos en Roma, en la última sesshin, esta caligrafiado Hishiryo. Se habla de una actitud a mantener durante la práctica, se le dan varias definiciones: ¿cuál es su significación real?

YR: Hishiryo es la esencia del zazen, el estado espiritual en zazen. Shiryo es el mental ordinario, es el pensamiento que crea diferencias, por lo tanto el pensamiento verbal que forja los conceptos, las nociones y que luego los utiliza para actuar, por ejemplo en la realidad. Pero el problema es que ese pensamiento es forzosamente dualista y limitado. 

Shiryo, lo mental es por supuesto necesario, sino se debería ir al hospital psiquiátrico, si lo mental no funciona más. Por lo tanto, ese pensamiento dualista que permite identificar los objetos, de identificarse a sí mismo como sujeto, es necesario: ninguna duda sobre eso.

Pero ese modo de pensamiento del mental invadió la totalidad del ser humano y entonces asfixia la intuición de una realidad más profunda, es que la realidad de la no- separación, de la no-dualidad, que es la realidad religiosa. Todas las religiones se esfuerzan en encontrar esa realidad. Entonces si se trata de encontrarla solo a través de las creencias es insuficiente. Porque en las creencias hay de nuevo un objeto que se vuelve una noción, un concepto, incluso si es Dios o Buda: es todavía una noción que crea dualidad en el sujeto que reza o que piensa en eso.

Mientras que en hishiryo, hi quiere decir “más allá”. Pero no es a nivel de un concepto del más allá, es una práctica del más allá: practicar de ir más allá, de ir más allá del mental ordinario, de esa forma del pensamiento que quiere siempre agarrar algo. Y entonces, hishiryo es verdaderamente la gran liberación: abandonar el espíritu que siempre busca encerrar la realidad en sus producciones mentales.

Porque cuando se funciona estando condicionado por ese mental, no se puede ser feliz, no se puede estar verdaderamente satisfecho. Nos sentimos como agobiados, como encerrados en nuestros esquemas, en nuestros pensamientos. Y falta la dimensión infinita de la existencia, su dimensión ilimitada, que es la realidad. No estamos encerrados en esta bolsa de piel. La piel misma respira: nuestra vida es un intercambio constante. Hay que encontrar esa capacidad de intercambio, de apertura: es hishiryo.

Práctica de abandonar nuestros pensamientos limitados, de ir constantemente más allá de todo concepto, de toda noción, de toda coagulación del mental y abrir el espíritu a lo infinito. Incluso esas palabras que empleo: infinito, ilimitado, son todavía palabras. Es el dedo para mostrar más allá. No hay que apegarse a eso: ninguna palabra lo puede explicar o verdaderamente designarlo.

Pero practicar zazen permite realizarlo. Es eso que es valioso en la práctica de zazen: hishiryo, la esencia de la prácitca.

 

Domingo 11 de mayo de 2008

Zazen de 7:00h

Hoy habrá cuatro nuevos bodhisattvas. Así que es un muy buen día. Un bodhsattva es alguien que hace el gran voto de ayudar a todos los seres. Eso quiere decir sin discriminación. Es común querer ayudar las personas que queremos. Pero el bodhisattva no elige. No se concentra en ayudar las personas que le son simpáticas sino todos los seres indistintamente. Porque el espíritu del bodhisattva esta fundado en la práctica de zazen. Y en zazen abandonamos el espíritu que prefiere, le gusta esto, no le gusta lo otro, que pasa el tiempo en discriminar. Por lo tanto el espíritu del bodhisattva esta animado por la verdadera compasión. Hace el voto de ayudar a todos los seres sin esperar recompensa, agradecimiento, ni incluso méritos personales. La compasión del bodhisattva es el verdadero amor que proviene de la consciencia vasta, que va más allá de la separación entre uno y los demás. En el amor ordinario hay siempre “yo” y el otro. E incluso en el amor espiritual, por ejemplo el amor de Dios, hay siempre la criatura y el creador, y entre los dos hay una gran diferencia.

La práctica de zazen nos pone en contacto con lo que hay de más universal en nosotros, con lo que compartimos con todos los seres, lo que se llama a veces “naturaleza de Buda”. Cuando se tiene la experiencia de esa naturaleza de Buda se entra en contacto con el espíritu que no crea más separaciones. Frente al otro nos volvemos el otro. Frente a la montaña no volvemos la montaña. Frente a un niño nos volvemos ese niño. Frente a un enfermo nos volvemos ese enfermo. Frente a Buda nos volvemos Buda.

Los budas existen en todas partes, en todos los seres. Por lo tanto, podemos inclinarnos delante de todos los seres en gassho.

Por supuesto hay muchas maneras de ayudar a los seres. Por ejemplo, enviar dinero a un pueblo africano como se propuso ayer, para dar de comer, para ayudar a la educación de los niños. Es por cierto un gran don, muy válido. Curar los enfermos, consolar la gente en duelo…hay muchas maneras de ayudar. Pero la ayuda específica que un bodhisattva puede aportar a los demás es la de ayudar a poder ayudarse a sí mismos. Ayudarse en resolver uno mismo sus propios sufrimientos.

Evidentemente eso implica hacer la experiencia uno mismo. Eso no quiere decir volverse totalmente despierto y haber resuelto todos los bonno antes de querer ayudar a los demás, pero al menos estar ya en camino y tener una buena experiencia.

Es la razón por la cual los dos primeros votos del bodhisattva están completamente vinculados: “Por numerosos sean los seres hago el voto de salvarlos”, es decir, de salvarlos de sus sufrimientos. Y también: “Por numerosos sean los apegos, las causas de sufrimiento, hago el voto de liberarme de ellos”.

Un bodhisattva no se esfuerza en resolver sus propios sufrimientos solo para su propio bienestar. Sino que, cada vez que se libera él mismo de un bonno, aumenta su capacidad de ayudar a los demás. Se vuelve él mismo un ejemplo alentador para los demás. Se dice muchas veces que un bodhisattva hace el voto de hacer pasar los demás antes que él hacia la orilla del nirvana. Entonces nos imaginamos que el bodhisattva se sacrifica por los demás. Allí hay varios errores. Porque creer que el nirvana es un estado de extinción total en el cual desaparecemos, mientras que el nirvana es solo la extinción aquí y ahora, de la avidez, del odio y de la ignorancia. Por lo tanto el nirvana se realiza en cada práctica, y principalmente en la práctica del don y de la compasión.

Así que la acción del bodhisattva de ayudar a todos los seres es la realización del nirvana aquí y ahora. Y es a partir de esa realización, que el bodhisattva puede ayudar a los demás.

Muchas veces los votos del bodhisattva parecen extremos: resolver las causas del sufrimiento, ayudar todos los seres, realizar todas las enseñanzas , realizar el más grande despertar de Buda….Pero en nuestra práctica del zen, esos votos se realizan modesta y simplemente en cada práctica y en cada acción de la vida cotidiana. Practicamos cada día lo que es posible, lo que nos es posible, sin nunca culpabilizar en no ser perfectos. Eso implica tener compasión también hacia uno mismo. Y por lo tanto, tratar a los demás como a uno mismo y uno mismo como a los demás.

Por lo tanto no tengáis miedo en comprometeros en esta Vía del bodhisattva. Es la mejor manera de vivir en armonía con lo que en el fondo somos y en la realidad: es decir, seres unidos a todos los seres. Y el mundo actual tiene necesidad de esa realización.

Mots-clés: Roland Yuno Rech

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