¿Zazen con los niños ? ¡ Por qué no !

Joke Shin Sen Vanzandweghe, Groep van Oostende

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En el marco de un « proyecto interfilosófico », contactaron con el grupo de Ostende para que hiciera una iniciación al budismo zen con unos 150 jóvenes de 10 a 12 años. Pequeños grupos se juntaron en un dojo, en una mezquita, en una sinagoga, en una iglesia, en un convento de religiosas y en un centro laico de la ciudad. Era un interesante desafío el de llevar a un grupo de adolescentes revoltosos y habladores a una reflexión personal y a un encuentro interior en la serenidad y la calma de zazen. « Antes de entrar en el dojo…vamos a quitarnos el calzado y a callarnos… » Dentro Jackie Butaye ya está sentado en zazen. (Viene del dojo de Brujas para ayudarnos). Un poco incómodos están buscando el zafu apropiado, observamos en los niños a la vez asombro y observación, pequeñas caras interrogantes, risas locas, para alcanzar al final la calma ».

 

Mi experiencia con un grupo de estas edades me ha enseñado que la vida no es siempre fácil para los niños, sin querer generalizar, diría que la única finalidad que tiene un comportamiento negativo es llamar la atención y en el fondo es a menudo un medio para que el grupo lo acepte y consolidar así su lugar en el mismo. Me refiero a las burlas y provocaciones (algunos niños son muy fuertes en lo verbal), a la tortura infligida a los animales, al deterioro de árboles y arbustos, a la brutalidad con la que destrozan objetos. Este comportamiento se desarrolla en un clima de miedo, de dudar de uno mismo y de tristeza. Me parece que es un punto de partida ideal para reflexionar en algunas de las nociones que están en la base de nuestra práctica.

Según las recomendaciones de la Legislación belga, las caras de los niños no pueden reconocerse en una foto

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Con ocasión de un ejercicio de reflexión, tratamos de familiarizar a los niños con conceptos tales como « Buda », la « Naturaleza de Buda », la « interdependencia », la « impermanencia », la « vacuidad ». No es fácil transportar estas nociones a un universo de niño, pero de nuevo –y para nuestra extrañeza- ha resultado. Mi impresión y mi experiencia muestra que esos temas no deberían ser evitados en las conversaciones con los niños y que la comprensión que tienen de las cosas a menudo se subestima. Más concretamente, hemos orientado nuestra conversación hacia lo que habían tomado para desayunar. La tradicional tostada con colacao era el medio ideal para seguir el hilo hasta la fuente: el pan y el vendedor del supermercado, el panadero y el molinero, el labrador que trabaja en el campo que siembra el grano en una tierra fértil y la lluvia y la luz del sol que a continuación hacen que germine. Saber cómo las habas de cacao son cultivadas en el otro lado del mundo por niños a veces más jóvenes que ellos mismos era una buena manera de abordar el problema del comercio justo. Este ejercicio podría extenderse sin dificultad a otros elementos que componen la vida cotidiana de los niños. El « aha-erlebnis » de la toma de conciencia que « todo y todo el mundo está conectado con todo el mundo » se hace fácilmente y hemos hablado del lugar particular de cada uno y de su participación en la cadena de la vida. A partir de este ejercicio de reflexión, hemos podido pasar rápidamente a una discusión sobre los comportamientos deseables que los niños podrían llevar y seguir en su vida diaria reflexionando sobre los aspectos de su propio comportamiento o de los otros que puedan ocasionar tristeza o pena (la unión entre « el agarrar » y « el sufrimiento »).

Así surgían algunos kai de forma espontánea: « A veces es bueno que algo suscite la cólera (por ejemplo en el caso de una injusticia), pero… » « Qué hacemos con los sentimientos de frustración o de impotencia y cómo hacerlos positivos »… « ¿Qué sentido tiene aplastar un caracol? » Y también: « A veces nuestro lenguaje y nuestras palabras pueden ser asesinas… » o « Una pequeña mentira se impone para no hacer el mal, o por miedo, o claramente para pegarle una etiqueta a alguien para obtener algo… » Dejamos que la conversación evolucione hacia la cuestión de qué es lo que les hace felices a ellos mismos y a los otros. Al final los niños definen bastante fácilmente qué comportamiento puede contribuir a su felicidad, a la del mundo que les rodea y, –por extensión-, al del mundo entero; en una palabra, una ética a escala de los niños. A la vista de algunas fotos de una persona en diferentes estadios de su vida, la comprensión de la noción de « impermanencia » se vuelve muy tangible. Y algunos sienten el deseo de compartir con el grupo sus sentimientos en relación con la muerte de un miembro de la familia, de un animal, de la enfermedad, de la conservación de la naturaleza, etc.

Cada encuentro de grupo se cierra con un momento de silencio…Y así el grupo inicial de agitados adolescentes se transforma en « practicantes de zazen » silenciosos. Su experiencia con el silencio, « aquí y ahora », generalmente ha sido acogida favorablemente. Los niños han comenzado su experiencia del silencio: « He oído correr mis tripas ». « He oído el canto de las gaviotas ». « Me sentía feliz »…o « triste »…

Apenas quedaba un momento para sus preguntas personales…y ya un nuevo grupo aparecía. Volvieron a sus casas con un marca páginas con una cita zen como recuerdo. Visto el tiempo limitado del que hemos dispuesto y el entusiasmo de los chicos, nos han invitado a continuar más adelante con esta experiencia en la escuela, volviendo a hablar de estos temas.

Gasshô.

Gracias a Jacky Butaye por su ayuda. Gracias a Danielle Poncelet por la traducción.

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