La vía del bodhisattva en la enseñanza del maestro Dogen

Entrevista con Roland Yuno Rech, en la emisión televisada de "Voix Bouddhistes", sobre la actualización de la vía del bodhisattva en nuestras sociedades modernas

Catherine Barry: En su enseñanza, el Buda habla de cuatro cualidades que a través de su práctica, poco a poco, permiten llegar a ser un auténtico bodhisattva, es decir un ser que va a desarrollar la capacidad infinita de ayudar a todos los seres a liberarse del sufrimiento y a encontrar la felicidad para realizar el despertar, como lo hizo él hace más de dos mil quinientos años, el Buda Shakyamuni ¿Cuáles son estas cualidades? Nuestro invitado Roland Rech va a hablarnos sobre este tema, a partir de una enseñanza dada en el siglo XIII por el gran maestro Dogen.

Roland Rech, buenos días. Eres uno de los vicepresidentes de la AZI, la Asociación Zen Internacional, de la que eres uno de los principales responsables. Eres monje zen en la tradición Mahayana. Enseñas el Mahayana y la práctica del zen, en Francia, en Europa, y en Niza por supuesto, que es donde vives. Vamos a recordar una cosa importante, ya que vamos a hablar de una enseñanza que data del siglo XIII, bien sea la enseñanza del Maestro Dogen o la del Buda, ¿es intemporal y universal?

Roland Rech: Sí, por supuesto. La enseñanza del Buda sobre las cuatro prácticas era levemente diferente de la del Maestro Dogen. Dogen se inspiró en ella. El Buda hablaba  de las cuatro prácticas ilimitadas que son: la compasión, la benevolencia, la alegría por simpatía, es decir, la alegría en la que uno goza de la felicidad de los otros y la ecuanimidad: sea lo que sea lo que nos pase, permanecer ecuánimes, mantener un mismo humor. En lo que concierne a Dogen enseñó las cuatro prácticas del bodhisattva, bajo la forma del don, como generosidad; bajo la forma de palabras de benevolencia, palabras de amor, palabras de simpatía; bajo la forma de acciones de ayuda, acciones benevolentes; y después la cuarta que es muy importante; es de no diferenciarse de los otros, de no separarse de ellos; ser como ellos, compartir la condición humana. Lo que Buda hizo él mismo durante los ochenta años de su vida.

C.B.: Es importante señalar que estas prácticas son interdependientes, ¿eso las multiplica?

R.R. : Sí, en la conclusión de ese capítulo del Shobogenzo, el maestro Dogen dice que cada una de las cuatro prácticas contiene a las otras, lo que hace que en lugar de cuatro prácticas, haya dieciséis; vamos a ver examinándolas como cada una contiene a las otras. La primera es la práctica del don, de la generosidad y Dogen insiste en el hecho de que la práctica del don significa: no codiciar. El don para ser una práctica del despertar, una práctica que ayuda, debe ser examinada baja diferentes aspectos: En primer lugar en qué estado de espíritu se da, lo que se da y a quien se da. Damos sin codiciar, es decir, sin esperar agradecimiento, incluso sin esperar méritos por el don. El estado de espíritu del don es dar de forma desinteresada, sin codiciar nada, sin esperar agradecimiento. Pero también es dar eventualmente, incluso a personas que no conocemos –Dogen insiste mucho en esto-  dar a alguien a quien no se conoce de nada, es un don perfectamente desinteresado.

Esto también quiere decir abandonar en nosotros el espíritu de elección y rechazo. Si yo doy a los que quiero y no doy a los que no quiero, eso quiere decir que no hago más que prolongar mi propio apego a través del don. De esta forma el don no es liberador para
mí, si elijo a quien doy y si espero un resultado. Así, el don debe ser como se dice en el zen, mushotoku, es decir sin provecho, sin esperar un provecho personal. Pero al mismo tiempo el don tiene valor. Es un gran mérito, es uno de los principales méritos en las prácticas budistas: practicar el don. Se dice que cuando se da, se adquieren méritos que van a permitir, por ejemplo, un buen renacimiento, o disminuir el mal karma pasado etc.

El bodhisattva va a obtener efectivamente méritos a partir de sus dones pero él va a distribuir estos méritos. Toda su acción es compartir su práctica de despertar con los otros. Entonces todo el bien que hace, aunque eso le reporte teóricamente un mérito, un efecto benéfico para él, va a transferirlo inmediatamente a los otros.

C.B.: Sí, ¿para que los otros puedan llegar a Despertar, a liberarse del sufrimiento?

R.R.: Así es, en lugar de utilizar los méritos del don para él mismo, para alcanzar más rápidamente el Nirvana, la salida del mundo, como se pensaba en el budismo original, él, da su energía, su vida por todos los sres. De hecho, el don fundamental, es el don de su vida. Y después, lo que da también es importante. Hay dones materiales, por supuesto, pero, sobretodo, de parte de un bodhisattva o monje, lo que es importante es el don de la enseñanza. Dar a la persona el don más alto que es el don del Dharma para ayudarle a despertar.

C.B.: Dar su ejemplo también es importante, porque el ejemplo es un raro valor.

R.R.: Sí, porque desgraciadamente es mucho más fácil hablar del don que practicarlo. La mejor forma de enseñar el don es practicarlo uno mismo. Hay otro aspecto que Dogen subraya mucho es dar “la vía a la vía”, es decir darse uno mismo totalmente a la vía, remitirse al dharma, remitirse a la práctica de zazen, de forma que seamos uno con la práctica, consagrar su propia vida a la práctica. En ese momento, toda la vida se convierte en don, la más alta dimensión de la existencia, es decir, actualizar la enseñaza de Buda a través de las propias palabras, los actos y la propia práctica.

C.B.: ¿Hay que subrayar que puede ser tan difícil dar como recibir?

R.R.: Sí, ya que cuando uno recibe, uno se siente que debe algo a alguien. Es una historia del ego, porque se tiene la impresión de estar en una posición más baja en relación a alguien que es superior porque nos da. Mientras que en el don, en la vía del Buda, hay una total igualdad entre el que da y el que recibe. No hay superioridad en hacer un don o inferioridad en recibirlo. Es una relación de intercambio y una total igualdad.

C.B.: ¿Podemos precisar para terminar este pasaje que dar vuelve igualmente feliz y procura un gran sentimiento de paz interior y serenidad?

R.R.: Sí, porque dar es abandonar y al mismo tiempo alegrarse de la felicidad del que recibe el don. Cuando se da, incluso si el don que hacemos implica un sacrificio, en el momento en que se da, sentimos alegría.

C.B.: ¿Las palabras de amor? También son muy importantes, ¿vamos a definir lo que Dogen entiende por amor?

R.R.: Evidentemente se trata de la benevolencia. No son palabras de amor en el sentido de palabras amorosas. Dogen era monje y no pienso que haya querido expresar palabras de amor en el sentido que nosotros lo entendemos: como declaraciones de amor. Podríamos decir que es una declaración de amor universal, una declaración de amar al otro tal cual es. Mientras que en el amor ordinario, se ama al otro, a condición de que responda a nuestras expectativas, a condición de que tenga tales características, que haga lo que deseamos etc. Las palabras de amor son verdaderamente la expresión de la compasión. Es a partir del espíritu de compasión que aparecen las palabras de amor. Y estas palabras de amor consisten en reconfortar y hablar a los seres como si fueran nuestros propios hijos.  Cuidándoles, estando atentos a ellos, benevolentes, evitando palabras brutales o que les puedan herir.

C.B.: Tercera práctica: la acción benéfica. Te dejo definirla.

R.R.: La acción benéfica es la acción que se cumple en servicio de los demás. Va a consistir en ayudar también a un pájaro herido –Dogen pone ese ejemplo- en construir un puente o una balsa para cruzar el río. Toda la gran corriente de la acción humanitaria actual es la acción benéfica. Podemos decir que esta ayuda a los demás, este trabajo hecho como una ayuda participa de la acción del bodhisattva.

C.B.: Ahí hay un punto importante, es la motivación con la que se hacen las cosas.

R.R. : Para que sea una acción de bodhisattva, es necesario que sea una acción hecha con el fin de aliviar el sufrimiento de los demás, ayudarles con el fin de despertar su propio espíritu de despertar. La gente que recibe una acción hecha con esta intención van a ser “tocados” y el hecho de ser “tocados” por la acción de algún otro, es como ser “tocado” por palabras benevolentes, abre el corazón, eso vuelve al ser receptivo y puede poner en marcha un proceso de cambio. Por ejemplo una palabra desagradable puede generar un conflicto, pero una palabra benevolente, una palabra de amor, puede apaciguar los conflictos, incluso puede evitar las guerras o reconciliar a la gente. Lo mismo ocurre con la acción benéfica.

C.B.: Vamos a terminar con la última práctica, la empatía.

R.R.: La empatía es muy importante. Generalmente hablamos de compasión. Pero no hay que traducir compasión por simpatía, sino justamente por empatía. Porque en la palabra simpatía, hay algo del orden de la piedad, hay algo del orden de la emoción que nos agarra y en la que estamos completamente atrapados por la tristeza del otro. Por ejemplo alguien está triste y nos ponemos completamente tristes.

C.B.: Y dependiendo de esta tristeza…

R.R.: Hay una especie de fusión, una especie de estado emocional que nos viene por contagio. Esto es la simpatía. La empatía no es esto. Es estar a la vez totalmente en sí mismo, es decir bien enraizado en su ser, y al mismo tiempo, tener la capacidad  de colocarse rápidamente en el lugar del otro, de sentir lo que él siente. Recuerda un poco a la simpatía; pero es sentir para comprender, para ayudar.

C.B.: ¡No para sufrir todavía más!

R.R.: Sí, así es .Por ello la gente pregunta cómo el bodhisattva puede hacer el voto de salvar todos los seres y aliviar su sufrimiento. El bodhisattva tiene empatía, es decir que tiene la capacidad de colocarse en el lugar del otro. Esto le da la sabiduría, la comprensión de lo que pasa y esto estimula  su capacidad de encontrar medios hábiles para ayudar. Si no nos colocamos en el lugar del otro, no podremos encontrar la acción apropiada o la palabra justa que va  a ayudar verdaderamente. Sino nos vamos a colocar demasiado en lugar del otro, vamos a estar desbordados por su emoción, en su dolor y vamos a ir al límite, a hundirnos arrastrados por él como uno que ese está ahogando y arrastra a su salvador.

C.B.: ¿Las cuatro prácticas de hecho engendran una acción justa?

R.R.: Sí, la acción justa en el budismo no es algo dogmático, porque el Buda dijo que eso, es justo eso, es falso. La acción justa, es la acción que expresa el despertar, es decir que expresa la verdadera naturaleza de nuestra existencia y que, sobre todo, ayuda a los otros a despertarse. Esto es la acción justa, es la acción apropiada.

C.B. : Como conclusión, estas cuatro prácticas ¿qué son para Dogen ?, ¿qué representan ? Hemos comprendido que son prácticas esenciales para desarrollar la cualidad de ser bodhisattva, ¿y para la gente más ordinaria ?

R.R. : Creo que para todos, son prácticas felices, es decir que si colocamos estas prácticas en el centro de nuestra vida cotidiana, nuestras relaciones con los otros van a mejorar, las personas que nos rodean van a sentir felicidad con nuestro contacto. Esto va a  crear un círculo benéfico en las relaciones y sobre todo, lo que es importante, es comprender que esas acciones del bodhisattva están todas vueltas hacia los otros, mientras que lo que llamamos las paramitas, cuatro de seis son acciones para perfeccionarse uno mismo. Mientras que en esatas acciones benéficas, son verdaderamente acciones al servicio de los demás. Pero, evidentemente, como no hay separación entre uno mismo y el otro, es una felicidad hacer felices a los otros.

C.B.: Gracias Roland.

Etiquetas: Roland Yuno Rech, Sagesses Bouddhistes

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