El ejemplo de los maestros budistas ante los derechos humanos

Por Lluis Nansen Salas

Cuando meditamos, al dejar pasar los pensamientos nos desprendemos de las cosas mundanas, pero eso no significa que nos tengamos que volver indiferentes a lo que pasa a nuestro alrededor. Si vamos por la calle, y vemos una persona que cae al suelo, seguimos nuestro impulso de atenderla y ayudarla, dejamos que nuestra compasión se exprese libremente. Si un amigo tiene problemas, le escuchamos y tratamos de ayudarle, lo amparamos con nuestra compasión. Lo mismo sucede cuando el que ha caído, cuando el que tiene problemas, es todo un pueblo.

Grandes maestros budistas nos han enseñado a no mirar hacia otro lado ante las injusticias. El Dalai Lama no miró hacia otro lado cuando eran pisados los derechos del pueblo. Thich Nhat Hanh no miró hacia otro lado cuando eran pisados los derechos del pueblo. Taisen Deshimaru no miró hacia otro lado cuando eran pisados los derechos del pueblo. Los bodhisattvas de todos los tiempos no miraron hacia otro lado cuando no se respetaban los derechos humanos, sino que se entregaron al pueblo para avanzar pacíficamente hacia la solución del conflicto, sin odio, sin violencia. Porque esta es la expresión de su gran compasión. Los bodhisattvas no se dejan confundir por las palabras de los poderosos que justifican sus abusos; saben que su lugar es siempre al lado del pueblo. Caminan con el pueblo sin miedo, no tienen miedo de ser libres.

 

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