Bodaisatta Shishobo del Maestro Dogen

 BODAISATTA SHISHOBO DEL MAESTRO DOGEN

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BODAISATTA SHISHOBO DEL MAESTRO DOGEN

Teisho de Silvia Leyer – Godinne, Julio 2021

El Maestro Dogen es un gran maestro japonés que vivió en el siglo XIII. Introdujo el zen en su país y escribió numerosos textos, entre los cuales su obra principal, es el Shobogenzo. Durante este teisho quisiera hablaros de un capítulo del Shobogenzo, que se llama Bodaisatta Shishobo y generalmente se traduce por “Las cuatro acciones o prácticas benéficas del bodhisattva”.

En uno de sus primeros kusen de este campo, Roland nos ha hablado de Hannya, un tema extraído del Hannya Shingyo. Hannya significa “sabiduría”. No se trata de sabiduría intelectual, sino de una sabiduría puesta en práctica, realmente practicada. Y las cuatro prácticas de las que habla Dogen son la expresión de esta sabiduría, Hannya.

Estas prácticas son:

  1. Fuse la generosidad, dar libremente
  2. Aigo las palabras de amor
  3. Rigyo – dar servicio, tener una conducta útil
  4. Doji – cooperar, actuar juntos.

La forma de comportarse y actuar constituye una parte muy importante de la vida de un bodhisattva. Son la puesta en práctica concreta de lo que ha experimentado y realizado durante zazen. Según el Maestro Dogen, estas cuatro prácticas son la esencia de la vida de un budista, el verdadero sentido del budismo en la vida cotidiana, en la relación con los otros. Para que sean benéficos, es necesaria la sabiduría, una sabiduría practicada.

Fuse

La primera práctica es el fuse: el don, la generosidad, dar libremente. Dar, es una de nuestras acciones cotidianas: damos de comer a nuestros hijos, hacemos dones materiales o de dinero, hacemos un don al entorno cuando ponemos atención en lo que consumimos. Un gesto, una sonrisa, una enseñanza, todo puede ser un don. Existen numerosas formas de dar.

Pero, ¿qué significa “dar libremente”? Según Dogen, significa no buscar la gloria o la ganancia, no buscar obtener ventajas para uno mismo y no buscar la popularidad por la adulación.

En la vida cotidiana, el don, a menudo va acompañado de segundas intenciones. Si presto mi martillo al vecino, espero que me preste su sierra cuando la necesite. Cuando hago un regalo a alguien, espero que haya una reacción de alegría o, por lo menos, un agradecimiento.

Dar libremente, es dar sin esperar recompensa. Mientras esperamos algo a cambio, estamos apegados a ese don y es lo que nos impide ser libres.

Como sabéis, es siempre interesante observarse a uno mismo, observar nuestras motivaciones al dar, y observar también a quien le damos. Generalmente constatamos que es más fácil ser generoso con la gente que nos parece simpática que con la gente que no nos gusta o no conocemos. Dar libremente, por el contrario, es actuar más allá de nuestras preferencias o nuestras aversiones. El bodhisattva no ve sólo la superficie del otro, las diferencias, va más allá. Ve, lo que comparte de más profundo con cada ser y, eso le permite no hacer separaciones.

Tenemos también tendencia a apropiarnos de lo que nos gusta y a no querer separarnos de ello. Pero, en realidad, nada nos pertenece de verdad. Todo lo que creemos poseer es sólo prestado. Ni siquiera nuestro cuerpo nos pertenece, esta noción de propiedad no es más que una ilusión. Y es lo que Dogen expresa diciendo: “Si no consideramos nuestras riquezas como nuestra propiedad, se convierten en un don.”

Pero, dar libremente no significa dar no importa qué en no importa qué momento: esto no tendría ningún sentido. Un don debe ser útil al otro y no crear dependencia. En lugar de dar constantemente dinero o alimento a alguien, es mejor enseñarle a cultivar un huerto (por ejemplo) y ayudarle a ganarse la vida. Está bien ayudar a los otros, pero es mejor todavía, ayudarles a liberarse a ellos mismos.

No subestimemos tampoco los efectos de un fuse, por pequeño que sea. Dogen dice: “A veces es suficiente con compartir una sola frase o una brizna de hierba para que se conviertan en semillas de bondad”. Un verdadero fuse expresa el espíritu de Buda y puede cambiar el espíritu del que lo recibe.

Al practicar el fuse, naturalmente creamos un modo de vida en el que hacemos el bien. Y el mayor fuse es el practicar zazen con un espíritu mushotoku, sin objetivo, sin objeto, sin segundas intenciones, sin querer lograr nada.

Aigo

La segunda práctica de la que habla el Maestro Dogen es aigo: las palabras benevolentes o palabras de amor. Para nosotros, no hay nada más natural que hablar. Es el primer medio de comunicación que aprendemos desde pequeños. Es totalmente natural que, a menudo, hablemos sin reflexionar, sin poner atención a quién hablamos y a los efectos que producen nuestras palabras.

Aigo significa hablar con compasión y amabilidad, es decir, elegir las palabras en función de lo que el otro necesita y de lo que le hará bien. Dogen aconseja evitar utilizar palabras groseras o amenazantes, por el contrario, hablar a los otros con cariño, “como si fueran nuestros hijos”.

A menudo, nuestras palabras son completamente inútiles. Decirle a un “chico malo” que es un chico malo no le interesa, pues en el fondo lo sabe muy bien. Dogen aconseja tratar con compasión al que no tiene virtud. Un sinvergüenza no es más que un sinvergüenza, lo que no es más que una de las facetas de su personalidad, en la que está instalado. Es mejor dirigirle palabras amables para ayudarle a descubrir otras facetas de sí mismo, otros aspectos que le permitirán vivir en armonía con los otros.

Es preciso también, estar atentos a no practicar la bondad cayendo en el sesgo que puede manifestarse cuando damos: “Si soy amable contigo, espero que seas amable conmigo. Sino, será el fin de mi amabilidad.” En cambio, las palabras de amor expresadas libremente, sin segundas intenciones, tienen un efecto mucho más poderoso. Como dice Dogen: “Las palabras de amor tienen el poder de mover el cielo”.

Rigyo

Rigyo, la tercera acción, se traduce por “prestar servicio” o “conducta útil”. Gyo significa “práctica” o “conducta” y ri “útil”. Dogen dice a propósito de esto: “Rigyo significa tratar a la gente con benevolencia, sin discriminación, sea cual sea su posición o su rango. Se trata de utilizar los medios apropiados para que puedan desarrollarse, en un futuro próximo o lejano”.

El bodhisattva que sigue la Vía de Buda, no hace diferencias entre los seres sensibles, porque ha comprendido que todos compartimos la misma naturaleza. Actúa con benevolencia incluso ante seres repugnantes. Una araña no ha elegido haber nacido araña, un mosquito no ha elegido alimentarse de sangre.

Para actuar, el bodhisattva utiliza los medios apropiados, es decir, los medios hábiles, no sólo para “echar una mano,” sino también para ayudar al otro a dar un paso más en su desarrollo ¿Cuáles son los medios hábiles a utilizar? No hay una lista de lo que hay que hacer o no en tal o cual situación, o con tal o cual persona. Los medios hábiles nacen de la sabiduría de zazen, Hannya. Surgen de la intuición que se desarrolla por la práctica de zazen. Esta intuición no es explicable, pero nos ayuda a hacer lo que es justo en el momento adecuado.

Pero todo esto no quiere decir que no debamos reflexionar: no necesitamos intuición para prever las consecuencias de ciertas acciones. Por ejemplo, si por impaciencia, empujo a la gente a mi alrededor, no hago más que transmitir mi estrés y eso no es, en absoluto, benevolente. Si elijo comprar un filete en lugar de verduras para la comida del mediodía, las consecuencias negativas son evidentes.

Os habréis dado cuenta de que estas prácticas de las que habla del Maestro Dogen tienen aspectos en común. Rigyo, es también actuar sin segundas intenciones, sin provecho para mi ego. Dogen habla, por ejemplo, de un hombre que compra en la pescadería una tortuga para devolverla al agua y liberarla, o de un hombre que cuida un pájaro enfermo, los dos actúan sin esperar recompensa.

A algunas personas les preocupa que su propio bienestar se vea comprometido si se preocupan más por el bienestar de los demás. Dogen dice que son ignorantes. Ignoran que todos formamos parte del mismo cosmos, que todos compartimos la misma naturaleza. Así, ayudar a los otros ya sean amigos o enemigos, es ayudarse a sí mismo. Y si hay ignorantes, no hay que dejarlos de lado, al contrario. El bodhisattva puede dar ejemplo, puede mostrar que el hecho de actuar sin buscar provecho personal no significa una pérdida para él. La felicidad resultante afecta a la vez al que ayuda y al que es ayudado. Es por lo que Dogen, al final de su comentario sobre rigyo, insiste en el hecho de que debemos proteger a los ignorantes.

Doji

La cuarta acción del Bodaisatta Shishobo, es doji, cooperar. Doji significa literalmente “compartir el mismo objetivo” o, por utilizar una expresión más familiar “estar en el mismo barco”.

Vivimos en un mundo lleno de dualismos, un mundo de diversidad, de diferencias. En apariencia, todos somos diferentes, cada uno tiene su propio carácter, su propia historia y sus propios objetivos en la vida. Sin embargo, debemos adaptarnos los unos a los otros a fin de vivir en comunidad.

Una sesshin o un campo de verano es un ejemplo de experimentación concreta de doji. Durante una sesshin “todos estamos en el mismo barco”. De entrada, tenemos que construir un barco, una especie de nave y para que una sesshin pueda tener lugar, hay un grupo de personas que la planifican y organizan las cosas antes. A menudo, tienen que superar obstáculos, como actualmente la pandemia o las consecuencias del mal tiempo. Cuanto más fuerte es el grupo, más base estable tiene el barco.

Después es necesario un capitán y un equipo que dan su energía para ayudar al buen funcionamiento del barco. Estos son el godo y los participantes. Un barco con un capitán pero sin equipo, no puede navegar. Un barco con un equipo pero sin capitán va en cualquier dirección. Para que el barco navegue correctamente, el capitán y el equipo deben formar una unidad.

Doji, significa también estar atento a los otros. Si un marino está demasiado cansado, se caerá del mástil. Hay que cuidar que cada uno pueda descansar cuando lo necesite.

En un navío hay numerosas tareas que realizar y ocurre lo mismo con una sesshin. Es la ocasión, para cada uno, de salir de sus hábitos y hacer la experiencia de los diferentes samu. Seguir la Vía significa continuar en movimiento, dar un paso fuera de la propia zona de confort, para evolucionar prestando servicio a la comunidad. En zazen, experimentamos el espíritu vasto que no se estanca en nada. Para poner en práctica ese espíritu vasto, una sesshin es una formidable oportunidad de tener confianza en el Dharma, en la Sangha y en nosotros mismos.

El Maestro Dogen decía: “Doji significa estar en armonía con uno mismo y con los otros. Gracias a esto, los otros pueden estar unidos a nosotros y nosotros podemos estar unidos a los otros”. Doji, es el hecho de jamás separarse de los otros, de poner atención a lo que pasa alrededor nuestro, a cada instante. Cuanto más experimentemos doji, más ligero se hará nuestro espíritu y más en armonía con los otros nos situaremos.

El bodhisattva ve en todo momento que “todos estamos en el mismo barco,” en un gran, gran barco, el barco de la vida. Es el barco de la interdependencia, de la impermanencia y de la vacuidad. Así, se hace natural para el bodhisattva ayudar a todos los seres sensibles a liberarse.

Fuse, aigo, rigyo y doji son cuatro prácticas animadas por la compasión y puestas en práctica con la sabiduría, cuatro prácticas de un mismo espíritu, el espíritu del bodhisattva.

Silvia Leyer

 

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