El ego

P.  A menudo se habla en el zen de abandonar el ego, he leído en la enseñanza del  maestro Sosan que en el cosmos hay ausencia de ego. Me pregunto, ¿dónde esta la frontera con lo que nos hace únicos, dónde comienza el ego?

R.  Es una pregunta muy vasta. En efecto, en el fondo no hay un ego que se abandona, es ridículo decir: hay que abandonar el ego porque en realidad no hay ego. De esa manera, si lo comprendes, puedes abandonar el ego inmediatamente. Es una manera abrupta pero creo que es la mejor respuesta. Como tú dices cada uno tiene su personalidad, sus diferencias, no es eso lo que hay que abandonar. Cada uno tiene sus características, el maestro Deshimaru tenía también fuertes características. Lo que hay que abandonar es la ilusión de creer que las producciones mentales, condicionadas por nuestro karma constituyen un ego. Por supuesto tenemos un cuerpo, tenemos sensaciones, percepciones, una memoria, una historia, deseos, una conciencia. Todo ello, los cinco skandas existen, es lo que constituye la personalidad. Desde ese punto de vista cada uno es diferente por su karma pasado. Pero eso no constituye un ego, que es impermanente, completamente dependiente de la historia y de lo que nos rodea. Es solamente una red de interdependencias. Si se entiende esto se puede ser menos egoísta. Se puede abandonar la ilusión de tener un ego, despertarnos a la realidad, a la verdadera dimensión ilimitada de nuestra vida y convertirnos naturalmente en alguien menos ávido, menos posesivo.

P. Me gustaría saber si no habría una pequeña parcela de nuestro ego que fuera permanente.

R. ¿Te gustaría?

P. Creo que sí, eso me daría seguridad. Me gustaría saber si no hay algo que perdure después de la muerte.

R: Ninguno de los elementos que nos constituyen  nos pertenecen, todo queda salvo el ego, pues el ego es una construcción ilusoria.
Todo lo que nos constituye proviene del cosmos y vuelve al cosmos. Por lo tanto no hay nada que desaparezca, que se disuelva, los elementos que nos constituyen regresan al cosmos. Las parcelas de energía con las que nuestro cuerpo está hecho vuelven completamente al cosmos. La influencia de nuestra vida, de nuestro paso por ella, se propaga como una onda, una vibración que no se detiene jamás. Nada queda como está, todo se transforma constantemente. Justamente nada nace ni  muere. Entonces pregúntate: ¿qué es lo que nace, qué es lo que muere?

P. ¿Qué es lo que nace y qué es lo que muere?

R. Si realizamos que cuando nacemos no es un ego el que nace, podemos comprender que cuando morimos no hay ego que muera. Sólo hay la continuación de dicha transformación. Nada nace ni nada muere, es la última experiencia de Buda en zazen.

P: ¿Realizar el despertar, ¿no se convierte en ego?

R. ¿Puede ser que lo que preguntas es si es egoísta el despertar? Querer obtener el satori puede ser una actitud egoísta si se piensa que el satori es un estado de beatitud extraordinaria, de gran gozo. Entonces se quiere eso para sí. Hay gente que  tiene ilusiones como ésta. Han obtenido todo tipo de placeres en la vida y no están verdaderamente satisfechos, piensan que les falta algo y el satori es como un premio que  quieren atrapar. Eso no tiene nada que ver con el verdadero Despertar. El verdadero Despertar es comprenderse a uno mismo. No es algo extraordinario, es hacer desaparecer todas las ilusiones para poder vivir de forma más justa, más en armonía con la realidad y eso no puede ser egoísta porque si « una » persona se despierta verdaderamente de esa manera, los que están en contacto con dicha persona van a sentirse mejor. El despertar no puede ser solamente para uno. Lo propio de ese despertar es sentirse completamente solidarios con los demás, eso lleva naturalmente a la compasión, al deseo de compartir y también de ayudar a los demás a liberarse de sus propios sufrimientos. No puede haber un despertar egoísta.

Etiquetas: Roland Yuno Rech

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