Practicar juntos

Viniendo a hacer esta sesshin, todos hemos seguido más o menos en forma consciente, la aspiración de realizar la dimensión más profunda de nuestra vida. Eso se llama el espíritu del despertar.

 

kin-hin

Viniendo a hacer esta sesshin, todos hemos seguido más o menos en forma consciente, la aspiración de realizar la dimensión más profunda de nuestra vida. Eso se llama el espíritu del despertar, el espíritu de Buda que se pone en marcha, que se pone a funcionar, primeramente tomando consciencia de un cierto malestar, de una insatisfacción de nuestra vida. Es lo que Shakyamuni llamaba dukkha, la primera Noble Verdad, el hecho que algo no va muy bien en esta vida.
El hecho de más o menos apercibirse conscientemente de ello, nos empuja a venir a practicar la Vía.

En el momento que entramos al dojo, juntamos las manos en gassho, nos inclinamos delante de Buda. A partir de ese momento se crea una conexión, una relación con Buda. En principio, es nuestra propia naturaleza de Buda la que nos empuja a venir, como si ella aspirara a actualizarse.
Pero viniendo y practicando nos conectamos a Buda y a toda la línea de Budas y de Patriarcas que actualizaron la Vía en el pasado. Eso es lo que simboliza la postura de Buda en el altar.
Significa que no practicamos solos. Estamos solos pero al mismo tiempo completamente juntos; juntos en el dojo y juntos con toda la comunidad de aquellos que siguieron la Vía en el pasado y que la transmitieron.

Todos los ritos del zen celebran finalmente eso: esta unión. A la vez juntos aquí y ahora en el dojo, dicha comunión en una misma práctica, en la expresión de la misma realización y al mismo tiempo, nuestra gratitud hacia aquellos que consagraron su vida a transmitir eso en el pasado y que nos permiten de realizarlo ahora.
 
Cuando nos concentramos en la práctica aquí y ahora, práctica de zazen, de gassho, de sanpai, el canto, el samu, cuando nos concentramos igualmente en la vida cotidiana juntos en la Sangha, entonces dicha experiencia de todos los budas del pasado se actualiza en nosotros. Nos hace descubrir una dimensión de la vida que va completamente más allá de los límites de nuestro mental ordinario, de nuestro pequeño ego: la existencia en unidad con todos los seres. Eso es lo que en el fondo significa “Todos los seres son la naturaleza de Buda”.
 
Todos los seres son dicha existencia juntos. Cada uno en su propia posición, diferente de la de los demás, pero al mismo tiempo, profundamente juntos, conectados, compartiendo la misma interdependencia, la misma solidaridad.
Así, practicar una sesshin es a la vez actualizar eso, realizarlo, profundizarlo y al mismo tiempo, celebrarlo con gratitud. Recibir ese don de la transmisión que nos fue dado, convertirnos  a nuestra vez en aquellos que transmiten eso a los demás, compartiendo nuestra práctica en común.
Así el verdadero bodaishin, el verdadero espíritu del despertar, no es solamente la aspiración de realizar la dimensión más profunda de la existencia, y entonces de despertarse, sino que bodaishin es también, fundamentalmente, hacer el voto de ayudar a todos los seres sensibles a realizar dicho Despertar, dicha liberación.
 
Así es que se dice frecuentemente que el espíritu de despertar, el espíritu del bodhisattva significa hace el voto de ayudar a los demás a pasar a la otra orilla, la orilla del nirvana, antes que uno mismo. Dicha noción de “antes que uno mismo” esta en relación con los orígenes del budismo a una época en la cual el objetivo de la práctica era salir definitivamente del samsara y de penetrar en el nirvana, en la extinción final. Evidentemente hay un “antes” y un “después”, y después ya no hay nadie para ayudar. Está un poco en contradicción con el espíritu de compasión de un bodhisattva, de un buda.
Es éste ideal de extinción en el nirvana final que fue completamente cuestionado con el budismo del Gran Vehículo, del Mahayana, y sobre todo el Sutra del Loto.
 
Lo que aparece en primer plano es la no separación entre el nirvana como extinción de todas las causas de sufrimiento, es decir, fundamentalmente la avidez, el odio, la ignorancia y el samsara, el mundo de los fenómenos, con todo el cortejo de ilusiones y de apegos.
Es justamente no separando esos dos mundos sino viéndolos como el derecho y el revés de una misma realidad que el bodhisattva continúa su práctica en el samsara viviendo en dicho samsara su liberación.
Justamente porque el bodhisattva no se siente separado de todos los seres  abandona completamente toda huella de egocentrismo, realiza el Despertar supremo aquí y ahora, en el mismo momento que pronuncia y reitera su voto de ayudar a todos los seres.
Vive entonces en armonía con eso.
Así es que no hay más noción de antes o de después, de hacer pasar los otros “antes” que uno. Los demás y uno mismo no están separados. El antes y el después no se encuentran para nada separados. El nirvana viviente se realiza a cada instante de la práctica con los demás, sin separación.
 
Dicho nirvana viviente, dicho Despertar, no es algo como un objeto de deseo, como un paquete de caramelos, como algo inalcanzable, que podría alcanzarse únicamente con mucho esfuerzo. 
Es más bien nuestra manera de funcionar aquí y ahora en armonía con zazen, en armonía con la Vía, es decir en el “soltar la presa” de todas nuestras tendencias egóticas y en el compartir dicha experiencia alegremente con los demás.
Es lo que deseo que cada uno de nosotros, continúe, experimente, practique y transmita.
Porque una sesshin no se termina en un momento dado, en el momento en que nos despedimos. Nuestra vida entera se convierte en sesshin en la intimidad con la Vía.
 
Kusen de Roland Yuno Rech  -  Sesshin de Ales, septiembre 2008.

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