Comentario al sutra del kesa

Kusen de Roland Yuno Rech en el dojo de Niza

Las personas que han recibido la ordenación de bodhisattva o de monja o monje, antes de ponerse el kesa o el rakusu (kesa en miniatura), recitan el sutra del kesa. Ese sutra, en cuatro cortas frases expresa completamente el sentido de nuestra práctica, la dimensión espiritual de la práctica de zazen.  El Maestro Dogen, cuando era joven y practicaba en China con el Maestro Nyojo, al oír por primera vez el sutra del kesa, quedó impresionado de tal manera por él que lloró de emoción. 
Aquí en el dojo y también durante las sesshin, lo cantamos juntos todas las mañanas.

Estas son las cuatro frases :

- Dai sai geda pu ku  -  Oh vestidura de la gran liberación

- Muso fukuden e  -  Vestidura ilimitada, campo de felicidad

- Hi bu nyorai kyo  -  Ahora recibimos la enseñanza de Buda

- Ko do shoshu jo  -  Para ayudar a todos los seres, shujo: todos los seres sensibles.

sangha

El kesa es el símbolo de la gran liberación realizada en la práctica de zazen, por supuesto con una postura y una respiración justas, exactamente igual que un estado mental justo. Es decir, una mente concentrada en la postura y la respiración, en unidad con el cuerpo, sólo observando lo que pasa interiormente o exteriormente, a nivel de las sensaciones, percepciones, pensamientos, deseos, sin apegarse a esos fenómenos, sin buscar tampoco el rechazarlos sino observando profundamente su impermanencia y su falta de sustancia fija, dicho de otra forma, su vacuidad.
Al practicar así se hace realidad ese dai sai gedatsu, Esa gran liberación, ese abandono de lo que llamamos los bonno, es decir, los apegos, causas de sufrimiento como por ejemplo la avidez, ese deseo constante de querer asir, obtener alguna otra cosa, como para llenar una carencia, una insatisfacción que jamás llega a llenarse de verdad.
La avidez se desplaza constantemente de un objeto a otro. A veces se queda en un simple deseo. Nos imaginamos que el deseo es causa de satisfacción mientras que, por el contrario, es a menudo causa de frustración pues, en el fondo de nosotros existe un deseo que, a menudo no conocemos, que es un deseo de realización profunda, de realización espiritual. Si ese deseo no se hace realidad, si esa necesidad de despertar no se realiza, todos los otros objetos de deseo funcionan  como sucedáneos, como compensaciones. Y su persecución constante se convierte en agotamiento, sufrimiento, decepción.
Practicar zazen con el kesa, es practicar zazen con la fe profunda de que somos ya la naturaleza de Buda. Es decir, que si cesamos de oscurecer nuestra mente y corazón persiguiendo vanos objetos y si por el contrario, volvemos la mirada hacia el interior y dejamos que se manifieste esta naturaleza de Buda, esta vida en unidad con todo el universo, sin separación, entonces nos sentimos verdaderamente libres.
La libertad tiene muchos significados: la libertad de hacer, de pensar, de actuar, de moverse, de hablar, expresarse, pero hay una libertad mucho más profunda que se hace realidad cuando nos volvemos verdaderamente uno con lo que somos en el fondo porque encontramos nuestra armonía con nuestra verdadera naturaleza. En ese momento, somos verdaderamente libres, pues ya no tenemos necesidad de mendigar nada más. Esto no quiere decir que no encontremos satisfacción aquí o allá sino que no dependemos de esa búsqueda permanente, imperiosa de objetivos.
Practicar zazen con el kesa, habiendo recibido la ordenación, quiere decir que practicamos con esa fe profunda que induce a la realización, que permite practicar con lo que llamamos el espíritu mushotoku, sin objeto, sin búsqueda de provecho pues eso que buscamos en el fondo, ya está ahí.
En el zen, la fe no es una creencia en algo trascendente sino la realización de la unidad con la realidad que está en nosotros y a la vez, penetra todo el universo. Si esta fe anima nuestra vida, podemos sentirnos verdaderamente libres, podemos actualizarla, practicarla en todo lugar. Y esto no depende de tener esto o aquello,  no depende de las circunstancias.
Al haber hecho los votos del bodhisattva, de monje o de monja, la práctica de zazen con el kesa nos conduce a esa dimensión profunda de la práctica, entonces el kesa se convierte en lo que verdaderamente es, es decir, la vestidura de la felicidad ilimitada o la vestidura ilimitada que es también campo de felicidad. Muso, traducido por ilimitado, significa también sin forma: mu, sin y so, forma o aspecto. El kesa tiene una forma muy precisa, transmitida tradicionalmente desde siglos ; una transmisión en la manera de coserlo, de llevarlo, en realidad es sin forma pues cuando nos concentramos en coserlo, cuando lo vestimos con una fe profunda, en esa concentración y en esa fe en la práctica, se abandona la mente que crea limitaciones.
La mente en zazen es muso, sin forma. Es tal cual es verdaderamente. Es decir, no identificada con los pensamientos, ni con las percepciones, ni con las sensaciones. Es como un vasto espejo que lo refleja todo sin apegarse a nada. El mismo, es sin forma, pero refleja todas las formas. Concentrada en la práctica de la postura y de la respiración, la mente refleja todos los fenómenos que surgen tal como aparecen y no se identifica con esos fenómenos, permanece más allá de todo pensamiento, más allá de toda forma.
Si practicamos zazen vistiendo el kesa, la fe en la dimensión profunda de la práctica se afianza. El Maestro Deshimaru decía a menudo: « Si hacemos zazen sin kesa, sin ordenación, sin haber pronunciado los votos, zazen corre el riesgo de quedar en una técnica de bienestar, de concentración, de  relajación.»
Para que zazen sea una verdadera práctica de despertar, es preciso que sea practicado en su dimensión profunda, real, que es una dimensión religiosa. Es decir, que nos une con la verdadera naturaleza de la existencia que es sin sustancia. Dai sai gedatsu, primer verso del sutra del kesa, evoca esa gran liberación que se produce cuando hacemos realidad esto.
En otro tiempo, el kesa estaba compuesto por trapos de diferentes orígenes, teñidos con el mismo color. Lo más corriente, era un color oscuro, mezclado, relativamente indefinido. Se dice que el kesa de Buda transmitido hasta Eno era de color negro mezclado de azul/verde oscuro. El azul es el color del fondo de los océanos, color que unifica todos los colores y al mismo tiempo, que no se puede definir, asir, que es muso, más allá de todo aspecto asible.
Es como la mente en zazen que, por el hecho de no identificarse con nada, no tiene forma fija. Podemos tratar de reducirla a conceptos, ideas, definiciones, incluso decir que es infinita, inasible, pero aún es más allá de todo eso: muso. Es la mente de Buda, lo que existe sin que podamos encerrarlo en ninguna noción.
El kesa simboliza esta gran liberación que se hace realidad cuando nos armonizamos con esa dimensión inasible, más allá de todas las nociones de nuestra existencia, y no sólo de nuestra existencia sino de todas las formas de existencia. Es lo que Buda hizo realidad la mañana en que se despertó bajo el árbol de la Bodhi cuando declaró que había realizado el despertar con todos los seres. Se ha convertido en la esencia de la transmisión del Dharma simbolizado por la transmisión del kesa.
En zazen, por la concentración, no sólo no nos identificamos con los bonnos que surgen, con los apegos (lo que permite dejarlos pasar), no sólo no nos consideramos autores de ellos (lo que permite abandonar el apego a la idea de sí, de ego) sino que ese abandono es facilitado por la comprensión de que todo eso es sin sustancia fija. Esto es tan fluido como el agua que, según la temperatura, se transforma en hielo, discurre en el torrente, en el río, hasta el océano, se evapora, se transforma en nubes, lluvia, granizo, nieve, hielo y después de nuevo en agua. Encontrar esa fluidez del cuerpo y de la mente en la práctica de zazen y en la vida cotidiana, es la práctica de los  unsui, « nubes y  agua ». Es la práctica de los monjes y monjas de la escuela zen que son, por esta razón, llamados unsui. Por esta práctica, la mente no permanece en nada, está siempre fluida, disponible, presente y por tanto creativa para responder a cada situación nueva de la vida.
Durante zazen, continuamos concentrándonos en la postura del cuerpo. Llegue lo que llegue, permanecemos inmóviles. No reprimimos los pensamientos, ni las emociones que surgen pero tampoco nos apegamos a ellas. Ponemos toda nuestra atención en la respiración. De esta manera, aunque los más grandes apegos, las mayores preocupaciones, los asuntos de la vida cotidiana reaparezcan en la mente en zazen, no nos quedamos obnubilados, nuestra conciencia no se confunde.
No rechazar ni suprimir los fenómenos de la vida cotidiana, cambia nuestra posición ante ellos. Podemos verlos desde un punto de vista más elevado, más profundo, como si fueran fenómenos relativos, pasajeros, desprovistos de sustancia propia. Entonces, esos fenómenos de la vida cotidiana pierden el poder de perturbarnos. Al no estar profundamente apegados a ellos, encontramos una capacidad de hacerles frente de manera creativa, con sabiduría y compasión.
La mente liberada en zazen se evoca en el sutra del kesa en dai sai gedatsu, la gran liberación. No es una mente que escape de la realidad cotidiana sino que la ve de otra manera, desde el punto de vista de Buda, desde el punto de vista de la conciencia hishiryo de zazen. Conciencia que no se identifica con nada pues percibimos la vacuidad de todos los fenómenos que nos preocupan. No identificarnos con los fenómenos no nos supone esfuerzo pues estamos en contacto con una dimensión más profunda de la vida, una dimensión más allá de nuestro pequeño ego, una verdadera dimensión religiosa y así los fenómenos pierden el poder de atraparnos.
En esta dimensión, nuestras preocupaciones egocéntricas disminuyen porque pierden su importancia. Permanecemos sólo preocupados por la manera en la que podemos ayudar a los otros a superar sus dificultades, sus sufrimientos.
Es la conclusión del sutra del kesa :
Ko do shoshu jo
Para venir en ayuda de todos los seres sensibles.
Es el sentido de practicar un zazen verdaderamente liberador, gedatsu, no sólo para uno mismo sino también para los otros, un zazen que sea verdaderamente la encarnación de la enseñanza de Buda, nyorai kyo.
Esto se realiza cuando practicamos zazen con una profunda fe en que el mismo zazen es despertar y liberación. Es decir que no hay nada que alcanzar más allá de zazen sino que zazen es en sí mismo la realización de la dimensión absoluta de la existencia, la dimensión no limitada por nuestras fabricaciones mentales. En esa dimensión se hace realidad la ayuda más profunda que no hace distinción entre uno mismo y los otros.
A pesar de que cantemos los cuatro votos del bodhisattva en los que hacemos el voto de ayudar a todos los seres, a pesar de que el sutra del kesa termine por Ko do shoshu jo, para venir en ayuda de todos los seres sensibles, cuando practicamos ese zazen con el kesa, no hay que pensar en ayudar a nadie. Pues no somos nosotros con nuestra voluntad personal, nuestro propio ego, quienes ayudamos, sino el zazen practicado con el kesa, el zazen de Buda quien ayuda a uno mismo y a los otros, más allá de la separación entre uno y los otros. Y precisamente, en la abolición de esa separación reside la ayuda más grande. Esto se hace realidad inconscientemente, naturalmente y automáticamente, sin intervención de la voluntad sino por el poder de esa fe que es no-dos. El verdadero zazen de Buda es practicar zazen con una mente no dividida.

 

Etiquetas: Roland Yuno Rech

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